Siempre me gustó leer. También me gustaba pintar. Me cuenta mi madre que en lugar de frenarme en las vidrieras de las jugueterías, me frenaba en las librerías. También me acuerdo que mis abuelos me traían de sus viajes a España, obligatoriamente, una caja de marcadores y otra de lápices de los mejores. Pero nunca dibujé bien.
Con el correr de los años, me volví un poco más aficionada a la lectura. Luego de un tiempo me enteré que mi padre también era un aficionado a la lectura, y supuse que de ahí venía mi gusto por eso (siempre hay que encontrarle una respuesta genética a nuestros gustos).
Me gusta leer el diario. Me gusta leer novelas. Cuentos, ensayos. Cosas que escribe gente anónima. Cosas que escribió alguien de pequeño, cosas que escribí yo.
Y hay algo que hago regularmente y es, cada tanto, leer mails viejos que me enviaron y que envié. En algún punto es recordar cosas que quedan un poco perdidas en la memoria. Es revivir momentos o personas. Sensaciones también.
Hoy encontré algo que mi amiga Sole me había escrito para mi cumpleaños número 22.
Algo como esto: “Bueno amiga sabes que te quiero y que te banco a muerte...en estos últimos tiempos he aprendido muchas cosas de ti...esas charlas contigo que siempre te dejan algo positivo o algún asunto dando vuelta en la cabeza...son únicas...! solo gracias...por estar ahí ...con la palabra y la reflexión justa para cada secuencia,...el "sole...eso querés para vos...??? ehhhhhhhhhhh "paso"...siguiente pregunta por favor...jajaaj...
Sos una mina mooooooy grosa Lu...espero que estos 22 te traigan toda la felicidad que te mereces y que sigas dándole para adelante con todo lo bueno que te está pasando...se que sos una inevitable destinada al éxito...se te nota nenaaaaa ! Cuando sea grande quiero ser como vos... (Y poder contestar todas las preguntas del carrera de mente...) jajajja”
Y casi me pongo a llorar. Luego de esto me regalaste por mi cumpleaños un trozo de una canción de Drexler, que hoy la posteo completa para que la puedan disfrutar todos los que lean esto.
La edad del cielo
No somos más
que una gota de luz,
una estrella fugaz,
una chispa, tan sólo,
en la edad del cielo.
No somos lo
que quisiéramos ser,
solo un breve latir
en un silencio antiguo
con la edad del cielo.
Calma,
todo está en calma,
deja que el beso dure,
deja que el tiempo cure,
deja que el alma
tenga la misma edad
que la edad del cielo.
No somos más
que un puñado de mar,
una broma de Dios,
un capricho del Sol
del jardín del cielo.
No damos pie
entre tanto tic tac,
entre tanto Big Bang,
sólo un grano de sal
en el mar del cielo.
Calma,
todo está en calma,
deja que el beso dure,
deja que el tiempo cure,
deja que el alma
tenga la misma edad
que la edad del cielo.
Leer. Revivir. Pensar. Imaginar. Recordar. Hoy tuve un instante de felicidad, y solo fueron 10 líneas.
L .-
martes, 29 de junio de 2010
miércoles, 23 de junio de 2010
· Enumeración ·
A ti que me haces hacer cosas que no haría…
A ti que haces que me ría de mi misma…
A ti que preparas un show en media hora…
A ti que me haces trucos de magia que me divierten…
A ti que confías en mi memoria…
A ti que te das cuenta que grito para adentro…
A ti que gritas en medio de un restaurant lo grandiosa camarera que soy…
A ti que te enoja que me quede en silencio…
A ti que me das la mano para saltar al vacío…
A ti que quieres que diga “comer” y NO “almorzar”…
A ti que respetas mi tónica desafinada…
A ti que te comes con gusto la comida que preparo…
A ti que compras el shampoo que uso…
A ti que tienes una planta que no riegas y que aún sigue con vida…
A ti que exageras tu torpeza para hacerme reír…
A ti que eres una luchadora incansable…
A ti que crees en mí…
A ti, Gisela, quiero decirte, que es una bendición que sigas en mi camino. Gracias por tanto nenaaaaa, gracias por quererme amoreeeeee mío, gracias por cuidarme pequeño genio!
Sigamos atravesando el mundo, estoy segura que nos irá de puta madreeee!
Te quiero hasta el infinito punto verde!
L .-
A la vista, una foto que representa a lo que nos atrevemos por confiar en la otra. Sacada hoy al finalizar nuestro show de clown para 150 niños...
martes, 8 de junio de 2010
Microrelato
A continuación dejo un texto que envíe a un concurso, el cual no salió seleccionado, asi que ahora se puede subir para que salga de esta computadora y llegue a otras. Verán que hay algunas expresiones extrañas para nuestro argentino pero había que enviarlo en castellano neutro. El texto debía empezar con la frase : "Por favor, sea breve…”
Nos dijimos todo-
“Por favor, sea breve…” dijo la última mañana que nos vimos. Me miraba de manera extraña. Se posaba de manera rígida frente a mí. Había preparado un café, o quizás recalentó un poco de la mañana anterior. Era una mesa pequeña. Tenía un mantel a cuadros, blanco y rojo. Las tazas parecían unas, que mi madre tenía por regalo de su boda. Puso café en mi taza, y luego vertió la leche caliente. Cuando se dio la vuelta, sin que se diera cuenta, quité la nata que se había formado en la taza con una cuchara pequeña que también había puesto para mí. Ella se sirvió medio vaso de agua y se sentó.
Yo revolví el café hasta enfriarlo un poco. Nunca pude beber las infusiones demasiado calientes. “El tiempo que tiene para hablar es lo que tarde en tomarse ese café”. Eso me puso más nervioso todavía. Ya le había dado entre dos y tres sorbos, y la taza no era demasiado grande, poco tiempo me quedaba para hablar.
Ella llevaba un vestido de tirantes, de color gris algo verdoso. El pelo recogido, los ojos apenas maquillados. El sol empezaba a quemar fuera, pero la cocina en donde estábamos era el ambiente más fresco de la casa. Algo me avergonzaba al mirarla. Su estar siempre me inquietó, pero ese día esa sensación permaneció durante todo el tiempo que estuve allí. Su mirada conservaba algo de angustia. Y sin saber, por qué, yo me sentía culpable por ello.
Casi no quedaba nada de café en mi taza. Ella ya había bebido toda el agua. Creo que fue casi de un sorbo. Me impacientaba que no dijera nada. Que no sonriese. Que no me gritara. Hubiese preferido que llorara o que me echara de allí, pero nada de eso hizo. Fue entonces cuando no quedó más que decir lo que debía: “Perdóname”.
Cogí mi jersey. Bebí el poso del café. Y salí por la puerta en forma tan cobarde que no pude ni darme la vuelta para verla por última vez.
L .-
Nos dijimos todo-
“Por favor, sea breve…” dijo la última mañana que nos vimos. Me miraba de manera extraña. Se posaba de manera rígida frente a mí. Había preparado un café, o quizás recalentó un poco de la mañana anterior. Era una mesa pequeña. Tenía un mantel a cuadros, blanco y rojo. Las tazas parecían unas, que mi madre tenía por regalo de su boda. Puso café en mi taza, y luego vertió la leche caliente. Cuando se dio la vuelta, sin que se diera cuenta, quité la nata que se había formado en la taza con una cuchara pequeña que también había puesto para mí. Ella se sirvió medio vaso de agua y se sentó.
Yo revolví el café hasta enfriarlo un poco. Nunca pude beber las infusiones demasiado calientes. “El tiempo que tiene para hablar es lo que tarde en tomarse ese café”. Eso me puso más nervioso todavía. Ya le había dado entre dos y tres sorbos, y la taza no era demasiado grande, poco tiempo me quedaba para hablar.
Ella llevaba un vestido de tirantes, de color gris algo verdoso. El pelo recogido, los ojos apenas maquillados. El sol empezaba a quemar fuera, pero la cocina en donde estábamos era el ambiente más fresco de la casa. Algo me avergonzaba al mirarla. Su estar siempre me inquietó, pero ese día esa sensación permaneció durante todo el tiempo que estuve allí. Su mirada conservaba algo de angustia. Y sin saber, por qué, yo me sentía culpable por ello.
Casi no quedaba nada de café en mi taza. Ella ya había bebido toda el agua. Creo que fue casi de un sorbo. Me impacientaba que no dijera nada. Que no sonriese. Que no me gritara. Hubiese preferido que llorara o que me echara de allí, pero nada de eso hizo. Fue entonces cuando no quedó más que decir lo que debía: “Perdóname”.
Cogí mi jersey. Bebí el poso del café. Y salí por la puerta en forma tan cobarde que no pude ni darme la vuelta para verla por última vez.
L .-
miércoles, 2 de junio de 2010
Reflexión matutina
Hoy por la mañana pensé: En el preciso momento en que nos empezamos a quejar de las mismas cosas que se quejan nuestros padres, es que desafortunadamente, y sin posibilidad al retorno, hemos crecido!
Son boludeces, pero que si lo pensás te terminan matando…
- Que cuando se acaba al azúcar de la azucarera nadie la rellene.
- Que se sigan tirando cosas en la bolsa de basura cuando ya no entra más nada.
- Idem lo del azúcar pero con el papel higiénico.
- Que no te dejen dormir la siesta.
- Que las luces de la casa queden encendidas porque si!
- El frasco de shampoo vacío que todavía sigue en la ducha.
- Las toallas de mano manchadas con rímel.
- Los repasadores mojados.
- Que cuando llegás cansadísimo a tu casa con la ilusión de comerte “eso” que dejaste en la heladera, ya no esté.
- Que las gaseosas queden mal cerradas, y cuando querés tomar un poco, solo sea un líquido con colorante y azucarado.
- Que los cuchillos no corten.
- Que algo que está vencido permanezca en la heladera, intentando convertirse en quien sabe que experimento.
- Que la tijera de la cocina esté en cualquier otro lado, menos ahí.
- Tener que llamar a un servicio de atención al cliente, quedando más de media hora en espera, porque un “distraído empleado público” confeccionó mal tu factura.
En fin, estas son pequeñas revelaciones matutinas que uno empieza a adquirir cuando te toca convivir con uno mismo..
Seguiremos informando, un abrazo!
L .-
Son boludeces, pero que si lo pensás te terminan matando…
- Que cuando se acaba al azúcar de la azucarera nadie la rellene.
- Que se sigan tirando cosas en la bolsa de basura cuando ya no entra más nada.
- Idem lo del azúcar pero con el papel higiénico.
- Que no te dejen dormir la siesta.
- Que las luces de la casa queden encendidas porque si!
- El frasco de shampoo vacío que todavía sigue en la ducha.
- Las toallas de mano manchadas con rímel.
- Los repasadores mojados.
- Que cuando llegás cansadísimo a tu casa con la ilusión de comerte “eso” que dejaste en la heladera, ya no esté.
- Que las gaseosas queden mal cerradas, y cuando querés tomar un poco, solo sea un líquido con colorante y azucarado.
- Que los cuchillos no corten.
- Que algo que está vencido permanezca en la heladera, intentando convertirse en quien sabe que experimento.
- Que la tijera de la cocina esté en cualquier otro lado, menos ahí.
- Tener que llamar a un servicio de atención al cliente, quedando más de media hora en espera, porque un “distraído empleado público” confeccionó mal tu factura.
En fin, estas son pequeñas revelaciones matutinas que uno empieza a adquirir cuando te toca convivir con uno mismo..
Seguiremos informando, un abrazo!
L .-
Suscribirse a:
Entradas (Atom)