martes, 8 de junio de 2010

Microrelato

A continuación dejo un texto que envíe a un concurso, el cual no salió seleccionado, asi que ahora se puede subir para que salga de esta computadora y llegue a otras. Verán que hay algunas expresiones extrañas para nuestro argentino pero había que enviarlo en castellano neutro. El texto debía empezar con la frase : "Por favor, sea breve…”

Nos dijimos todo-

“Por favor, sea breve…” dijo la última mañana que nos vimos. Me miraba de manera extraña. Se posaba de manera rígida frente a mí. Había preparado un café, o quizás recalentó un poco de la mañana anterior. Era una mesa pequeña. Tenía un mantel a cuadros, blanco y rojo. Las tazas parecían unas, que mi madre tenía por regalo de su boda. Puso café en mi taza, y luego vertió la leche caliente. Cuando se dio la vuelta, sin que se diera cuenta, quité la nata que se había formado en la taza con una cuchara pequeña que también había puesto para mí. Ella se sirvió medio vaso de agua y se sentó.

Yo revolví el café hasta enfriarlo un poco. Nunca pude beber las infusiones demasiado calientes. “El tiempo que tiene para hablar es lo que tarde en tomarse ese café”. Eso me puso más nervioso todavía. Ya le había dado entre dos y tres sorbos, y la taza no era demasiado grande, poco tiempo me quedaba para hablar.

Ella llevaba un vestido de tirantes, de color gris algo verdoso. El pelo recogido, los ojos apenas maquillados. El sol empezaba a quemar fuera, pero la cocina en donde estábamos era el ambiente más fresco de la casa. Algo me avergonzaba al mirarla. Su estar siempre me inquietó, pero ese día esa sensación permaneció durante todo el tiempo que estuve allí. Su mirada conservaba algo de angustia. Y sin saber, por qué, yo me sentía culpable por ello.

Casi no quedaba nada de café en mi taza. Ella ya había bebido toda el agua. Creo que fue casi de un sorbo. Me impacientaba que no dijera nada. Que no sonriese. Que no me gritara. Hubiese preferido que llorara o que me echara de allí, pero nada de eso hizo. Fue entonces cuando no quedó más que decir lo que debía: “Perdóname”.

Cogí mi jersey. Bebí el poso del café. Y salí por la puerta en forma tan cobarde que no pude ni darme la vuelta para verla por última vez.

L .-

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